




Las exclamaciones de admiración se suceden entre deportistas y aficionados cada vez que el Centro Acuático Nacional abre sus puertas. Conocido popularmente como el Cubo de Agua por su estructura rectangular, cubierta por unas singulares membranas plásticas poliédricas que permiten el paso de la luz natural, este edificio se ha convertido en uno de los proyectos estrella de los Juegos Olímpicos.
El edificio, al que se accede a través de puentes, está rodeado de un foso con agua de cinco metros de ancho y forma un conjunto arquitectónico con el otro gran proyecto de estos Juegos, el Estadio Olímpico o "Nido", ambos equidistantes del eje norte-sur de Pekín.
"Diseñamos el Cubo para que trabaje en armonía con este otro edificio. Ambos son muy diferentes en apariencia, sin embargo se complementan en términos de forma, textura, color y escala. Son las grandes diferencias entre las dos estructuras las que hacen que combinen tan bien como pareja", dijo a Efe el arquitecto australiano John Pauline, diseñador de esta piscina, que albergará las competiciones de natación, saltos y natación sincronizada durante los Juegos.
Las almohadillas transparentes que forman las paredes y el techo del recinto, al alcance de cualquier curioso que quiera palpar su textura mullida, permiten que este espacio arquitectónico esté iluminado al 90 por ciento por luz solar, en consonancia con el objetivo que se ha marcado Pekín de organizar unos "Juegos Verdes".
"Este edificio representa los más altos valores en términos de diseño arquitectónico responsable para la eficacia energética", según Pauline.
Cuando se esconde el sol, el Cubo de Agua se ilumina de azul y su atractivo resplandor oceánico se hace visible en prácticamente todo el "Olympic Greeen".
"El edificio ha estado siempre inspirado en el agua. El agua tiene muchos estados. Sin embargo, nosotros estábamos particularmente interesados en la naturaleza estructural del agua en el estado de espuma o burbujas. Esto nos ayudó a perseguir nuestras metas adicionales de luminosidad, transparencia y belleza geométrica", cuenta Pauline.
Más de 110 millones de dólares (75 millones de euros) han sido necesarios para levantar el Cubo de Agua, aportados íntegramente por Macao, Hong Kong y Taiwán, por lo que según el BOCOG (Comité Organizador de Pekín 2008) esta construcción representa los buenos deseos, la solidaridad y el compromiso del pueblo chino con los JJOO.
No en vano, al igual que otras muchas construcciones e iniciativas llevadas a cabo con motivo de los próximos Juegos Olímpicos, el Cubo de Agua presume de características chinas.
"Decidimos mantenerlo simple y rectangular como planeamos al principio. Ésta fue la respuesta a las antiguas formas geométricas chinas, que resuenan a través de planos maestros históricos, palacios y arquitectura doméstica local", afirma su diseñador.
Durante la cita deportiva estival, el Cubo tendrá capacidad para acoger a 17.000 espectadores gracias a los 11.000 asientos supletorios de los que estará dotado y que se retirarán una vez finalicen los Juegos, cuando se convertirá en un centro lúdico al alcance de todos los pequineses.
Han sido necesarios cuatro años, 6.700 toneladas de acero y 1.300 toneladas de varillas para levantar esta obra, construida sobre una superficie de 80.000 metros cuadrados y cuya virtud oculta es su longevidad, ya que está diseñado para perdurar.
"Algunos recintos olímpicos previos fueron diseñados solamente para los Juegos y se han convertido en cargas para las ciudades organizadoras después de la cita. Nosotros hemos diseñado el Cubo de Agua haciendo cuanto pudimos para evitar este problema", afirmó Pauline, que calcula que su obra tendrá una vida útil superior a los 50 años.
Tras un exigente proceso de selección para decidir quién se haría cargo de este proyecto y tras casi cuatro años de obras, el Cubo de Agua fue estrenado oficialmente el pasado 31 de enero con la celebración del test preolímpico de natación.
Durante el mes de febrero acogió el Mundial de Saltos de la Federación Internacional de Natación (FINA) y salvo contadas excepciones no recabó sino encendidos elogios de cuantos compitieron en él.
También se ha convertido en una especie de icono de la ciudad olímpica y en uno de los edificios favoritos de los pequineses, que aplauden su originalidad y admiran su simpleza y austeridad.
"Estamos felices de saber que la mayoría de los pequineses, generalmente, responden bien al Cubo. El verdadero éxito de este recinto será finalmente una combinación de cómo lo perciba y cómo lo use e interactúe la gente en él", concluyó Pauline.
rm