



La peculiar ciudad costera china de Qingdao, una ex colonia alemana que todavía conserva castillos y mansiones de aires teutones, será del 9 al 21 de agosto la sede de las competiciones olímpicas de vela.
Para acoger las pruebas, esta ciudad de siete millones de habitantes, que ha vivido un enorme desarrollo urbanístico y económico desde que fuera agraciada con el premio olímpico, ha construido un puerto en la costa suroriental de su casco urbano.
Unas modernas instalaciones nacidas de la nada, conocidas como "International Marina" y que, según los entendidos, son excelentes y respetuosas con el medio ambiente costeño. El puerto se sitúa en la tranquila bahía de Fushan, donde antes había unos astilleros que fueron desmantelados hace unos años.
El edificio más llamativo de la instalación es el centro de prensa, una construcción de 8.100 metros cuadrados situada en el extremo sur del puerto, y que cuenta con una torre desde la que los reporteros tendrán una vista privilegiada de las regatas.
Junto al centro de prensa, un rompeolas de 534 metros protegerá a los barcos de los embates del Mar Amarillo. Con un faro en su extremo y surcado de banderas y farolas, alimentadas de energía eólica, el lugar se ha convertido ya en un popular paseo marítimo para los vecinos de la ciudad los domingos, día en que la instalación deportiva está abierta al público.
En el rompeolas, una señal indicadora muestra la distancia que separa a Qingdao de los puertos de todo el mundo con los que está hermanada, entre ellos el español de Bilbao, el uruguayo de Montevideo, el mexicano de Acapulco o el chileno de Puerto Montt.
La residencia para los atletas (de 91.000 metros cuadrados), en la entrada del recinto deportivo, los más de 200 metros de muelles, la zona de pesaje de las embarcaciones y centros de administración y logística completan el panorama del puerto olímpico.
Según Qu Chun, máximo responsable de las competiciones de vela del Comité Organizador (BOCOG), construir el puerto ha costado 3.800 millones de yuanes (530 millones de dólares, o 360 millones de euros), sufragados en parte por el Gobierno central (a través de donaciones privadas) y el municipal, que ha vivido con entusiasmo los preparativos para los JJOO.
La cita olímpica ha servido para desatar la pasión por la vela en una ciudad, que, según reconoce el propio Qu, "antes de 2001, cuando Pekín fue elegida sede de los JJOO, sólo tenía un gran velero", mientras que ahora son una treintena, y la navegación a vela se enseña a todos los alumnos de primaria y secundaria de la localidad. Los barcos veleros están por todas partes: carteles, cometas, estatuas, letreros de las tiendas... Una ciudad consagrada a un deporte que antes apenas practicaba.
Las pruebas de vela en Qingdao han servido también para aumentar la conciencia ecológica de la ciudad, como se puede comprobar en el mismo puerto olímpico. Además de las mencionadas lámparas de energía eólica (41 en total), otras 168 se alimentan de energía solar, y los edificios de la instalación, incluyendo la villa olímpica, usan tecnologías para conservar energía a través, por ejemplo, de sus sistemas de calefacción.
El puerto olímpico también utiliza agua reciclada para el riego, el lavado de vehículos y otras instalaciones.
En el campo de la alta tecnología, es de destacar el uso de pantalanes desarrollados en Suecia capaces de soportar fuertes marejadas.
La ciudad ofrece un clima templado y agradable (12 grados de temperatura media) para la disputa de la competición, aunque las condiciones climáticas aún ofrecen ciertas dudas a los regatistas, sobre todo por la falta de viento.
Ante ello, el responsable de las competiciones señaló que esas preocupaciones surgieron cuando el año pasado se disputó una prueba preolímpica en julio, pero que en agosto, mes de la cita olímpica, las condiciones eólicas mejoran ostensiblemente. "Siempre hay al menos dos o tres días muy buenos para las regatas", señaló Qu Chun.
ANTONIO BROTO.